Historia General del Pueblo Dominicano Tomo I
aquellos sectores económ icos que. en teoría, podían ren dír beneficios, aprovechándose de la agricultura, la ganadería, la m inería y la actividad forestal. Si a la larga la m ayoría d e ellos no prosperaron, no fue p o r falta d e voluntad d e los agentes económ icos, sino por su escasa rentabilidad X El problem a d e la econ om ía dom inicana no fue tan to la fuerte especial i/ación en la extracción de oro prim ero, y en el azúcar después, com o tradicional m ente se luí sostenido, sino el férreo m on opolio com ercial im puesto desde Sevilla. Ello, unido a la elección d e La ! labana com o punto de retorno d e las flotas y galeones, generaron tres grav ¡sim as secuelas a su econom ía: L n a. que los productos europeos llegasen a cuentagotas y a precios desm esurados, a la par que se devaluaban progresivam ente los cuartos y los m edios cuartos d e cobre que eran las m onedas usuales que se m anejaban en la isla. S e trataba de una m oneda fiduciaria, cuyo valo r no era intrínseco sino q u e se fijaba p o r ley.1 Esta m oneda era d e vellón, es decir, una aleación de co b re con una pequeña proporción d e plata. Se acuño tan ta m oneda fraccionaría que su valor n o ceso d e devaluarse a lo largo de to d o el siglo xv i. I lio dificultaba las transacciones com erciales, por la gran cantidad d e m onedas d e vellón que debían usarse para com erciar con los m ercaderes sev ¡llanos Ll C ab ild o d e Santo IDomingo ya intento p o n er rem edio, solicitando a la C o ro n a una reevaluación d e los cuartos para que valiese uno lo que h oy valen cuatro, porque del m odo y valor que hoy tienen son muy em barazosos de con tar y d e cargar ,l!" Se em itió vellón al valor de d o s m aravedíes, respaldándolo la C o ro n a por disposición del d e julio de l$8 ?."' Sin em bargo, todo parece indicar que en la practica no so consiguió su rccvaluación y que el valor real d e los cuartos se m antuvo en un m aravedí com o reconocían los m iem bros del C o n cejo. Y es que. aunque los funcionarios querían cobrar en m oneda de o ro o d e plata, el grueso de la población p refería pagar en cuartos d e cobre. Y ello porque, aunque los com erciantes sev illanos los rehusaban, los contrabandistas y corsarios si los aceptaban, por lo q u e se podían com p rar sus productos a precios m as razonables. Un tira y afloja entre diversos grupos d e poder Lo cierto es que todo parece indicar q u e las utoridades se dirigían hacia un fracaso en sus intentos d e estabilizar y revaluar la m oneda local. Se trataba d e un coctel fatal al m enos para la econom ía legal, por m is excesiv os precios y una m oneda depreciada, lo que obligaba a realizar grandes desem bolsos n m etálico, sim plem en te para o b tener productos básicos y herram ientas. A lgun os m ercaderes, incluso, optaban p o r pasar de largo buscando m ercados m ás fructíferos, dejando desprov eíd os de vino, harina y ropa hasta a los m ás ricos d e la isla O tra cosa ra. p o r supuesto, el con traban do X Dos. que en teoría solo una vez al año. en m arzo o abril, podían exportar sus productos n un o o d o s navios que se incorporaban a la flota de las ludias. La lim itada cabida de los pocos buques d e que se disponía isparaba el coste d e los fletes, restando com petitividad a sus productos. En definitiva, inflación, altos precios de fletes, escaso valor d e los productos de exportación y precios desorbitados en los de im portación X Y tres, que el descen so progresivo d e los precios d e sus exportaciones en Sev illa, básicam ente d ebido a la excesiva o ferta, provocó un descenso d ram ático de los m árgenes de beneficio. D e hecho, en tre l S<’8 y 16 0 0 se produjo una deflación tanto en los precios del azúcar com o en los del cuero, la cañafístula y el jengibre, es decir, los productos considerados estrellas d e la exportación d om in ican a"’ M La conjunción d e estos tres factores hubiese colocado a la isla al borde de la ruina y de Iadespoblacio11.d e 110 haber sido por el contrabando. Y es que esta bien claro q u e los intereses de la élite local no coincidían exactam ente con los de los grandes cargadores sevillanos. O bv ¡am onte, a los prim eros les interesaba el libre com ercio y a los segundos el m onopolio. Ello em pujo al contrabando tanto a la élite criolla com o a las principales autoridades isleñas, los m ism os que en teoría debían vigilar estas actividades ilícitas lodos com prendieron que era la única form a d e superv ivencia, pues les perm itía com prar y ven d er a precios razonables 1 1 contrabando form o parte intrínseca del propio sistem a m onopohstico im plantado por la m etrópolis A la larga, este trafico ilegal fue fructífero 110 solo para la elite local, sino tam bién para los intereses del Im perio, pues hizo viable la perm anencia de San to D om in go d en tro del m ismo. N i q u e d ecir tiene que la ocupación de la isla por los corsarios hubiese sido un duro g o lp e para los I labsburgo, no solo por su papel político y económ ico sino, sobre todo, por el prestigio q u e esta tema com o prim era colonia poblada en el N uevo M undo M Este dinam ism o económ ico, legal e ilegal, perm itió a la élite local m antener un elevado nivel d e renta que. por supuesto, ellos siem pre negaron. G racias, precisam ente, a esta pujanza económ ica pudieron conservar un notable peso político a trav es del control do instituciones tan señeras com o la Vudicncia. A todo el lo ayudó, tam bién, la perv ivcncia del v iejo m ito de tierra ¡lepromisión q u e adquirió a trav és d e los escritos de C ristóbal C o lo n y cuyos ecos se prolongaron a lo largo del tiem po, pues la propia el ite se encargaba do airearlos de cuan do en cuando. Lo que realm ente sorprende es que. pese a su m arginalidad dentro del organigram a del Im perio, perv ¡v iese una poderosa oligarquía, cuyo reflejo todavía puede verse en las grandes construcciones del San to D om in go colonial, desde la C atedral a la I orralczn. pasando por las casas solariegas M '•'PierreVilnr. Q rvj’MWWíAií. pp.26 i~ ,:"liari.i del C abildo de Santo Dom ingo. Santo Domingo. 19 de noviem bre de i 5 -<‘ V > I Santo I\m iin go “ J. ■El cuarto de cobre valdría dos niara»odies, diecisiete cuartos un real de plata y diecisiete reales un peso de oro fino. Real Cédula a la Audiencia de Santo Domingo. \ ladrid. 2 5 d e ju lio d e is S * U i I San to Idom ingo 808. lib. 4 fol 1 I6 r 1 r u ó V ease tam b ién la C arta d e l C a b ild o d e S an to IX m iingo. 2 d e ju lio d e is«8. \C. I San to D om in go 73 - transcrita en Rodrigue/ Morel. Cartas delCabildode i,iciudaddeSanio Domingo, p 444 I 11 1508 se pagaba la arroba de a/ucar a 641 maravedíes, el cuero a 680 m ara\edis la unidad » el jengibre. .1 4.55“ maravedíes el quintal I n 16 0 0 los tres precios habían descen dido a 6 2 6 4 -0 \ 4 .550 m aravedíes respectivam ente, i Áissa. I lisiaría iociülyccivifailicd. t i. p 18 0 IIM O R I m .i \ l RAI l'l 1 i'i 11 . 1 1 ' n o x iiN k \ \ o 311 s'.ri
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