Historia General del Pueblo Dominicano Tomo I
de Fuenm ayor, la Iglesia sufrió un trem en do descalabro fru to de los en fren tam ien tos que se dieron en tre los distintos sectores de la vida social y económ ica. A l parecer. Fuenm ayor no supo articular sus papeles com o pastor de la Iglesia y guardián de la sociedad. Se rodeó d e un equipo de personas arrogantes, con muchas influencias en C astilla, lo que perm itió que los m iem bros de la R eal A ud ien cia actuaran con libertad y al m argen d e los otros sectores influyentes M Según las fuentes consultadas, el arzobispo era pariente de la m ujer del secretario Juan d e Sam ano. U no de los oidores, el licenciado C ervan tes, era pariente del arzobispo d e Sevilla, fray G arcía de Loaysa. III licenciado V adillo era parien te de la m ujer del doctor Beltrán. y el licenciado G u evara pariente del d o cto r G uevara, m iem bro del C o n se jo de In d ias" M M uchos vecinos de San to D om in go dejaron de ir a la iglesia debido a la actitud soberbia del arzobispo. Entre las personas m ás perjudicadas p o r el presidente estaban los m iem bros del C ab ild o m unicipal, quienes eran hum illados con stantem en te por los oid o res m as influyentes de la R eal A udiencia. D e su presiden te se decía q u e tom aba las decisiones de fo rm a apasionada deján dose llevar p o r las em ociones. D e igual m anera, Fuenm ayor fue acusado incluso p o r los m iem bros del C ab ild o catedralicio, en particular p o r el can ón igo Juan Tarifeño. quien le recrim inó quedarse con la parte correspon dien te a la cu arta capitula, específicam ente la tercera parte d e lo que rentaba el b en e ficio sim ple y curado: «y todo ello roba a la Iglesia porque si él no lo llevase y entrase en la cuarta capitu lar habría d e pagar al pertiguero y al m ayordom o de la fábrica y organista y acólitos y otras personas y se han de pagar de la cuarta capitular y no de la fabrica. Y com o la cu arta capitular no tien e de qué pagar los susodichos, págalos la fábrica y es lo que qu iere por llevarse el del b en eficio sim ple y cu rado y este C a b ild o lo con scien te p o r lo que tengo dicho que los afren ta y los desh onra y los echa a la cárcel-44 M D urante el tiem po que gob ern ó Fuenm ayor. a petición de los m iem bros del C ab ild o m unicipal d e San to D om in go la C o ro n a en vió una R eal C éd u la en la q u e ordenaba que la A udiencia de San to D om in go señ alase com o parroquia la iglesia de Santa Bárbara para q u e los vecinos acudiesen con sus diezm os a dicha iglesia. En otra cédula se daban instrucciones sobre la fo rm a d e d iezm ar el azú car v có m o lo s señores d e in gen io s debían p agar sus d iezm o s al cura que ten ían en sus in gen ios M Segú n declaraciones d e un o d e los testigos presentados en una de las probanzas que se les hicieron al presiden te y oidores de la A ud ien cia, después d e recibidas las R eales C édulas m encionadas, el ob ispo d ijo que se dividiesen las parroquias tal y com o había m andado Su M ajestad, pero que sobre los diezm os y las reparticiones que había que hacer en tre sus clérigos e iglesias, •>Su m ajestad no era parte y no podía m andar ni en trom eterse en ello ya que aquello solam ente pertenecía al I’apa y al obispo por ser cosas espirituales y q u e él com o obispo y su C ab ild o de la iglesia proveían en ello lo que les pareciese a sus clérigos c iglesia-44 M En vista d e esta situación, el cura de la iglesia d e San ta Bárbara, d e apellido A lfaro. se q u ejó ante la Real A u d ien cia alegando que el arzobispo y el C ab ild o Eclesiástico de Santo D om in go no le daban los diezm os que le pertenecían en virtu d de la cédula en viada por Su M ajestad. A l parecer esta queja fue form ulada cuando el presidente se encontraba de visita en el obispado d e C o n cepció n de La Vega. D e regreso a San to D om ingo, el licenciado Fuenm ayor se en teró de que el sacerdote quería llevar su queja an te Su M ajestad, por lo que. a m odo de represalia, lo en cerró en la cárcel de la ciudad hasta que desistió d e su em peño. La actitud represiva del arzobispo agudizó las contradicciones que desde hacía tiem po se estaban dan d o entre el alto y el bajo clero, provocadas en prim er térm in o por la o rfan d ad del obispado, pues la m ayor parte del tiem po había perm an ecido sin su cabeza visible M N o obstante, las m ayores contradicciones se daban cuando se producía la llegada de un obispo. A l asum ir su papel, le quitaba protagonism o a las decisiones del C abildo catedralicio, o lo que es lo m ismo, a las élites que lo com ponían M Esta situación m otivó que en la isla se produjeran im portan tes cam bios sociales, que se iban a reflejar en tod os los ám bitos d e la vida cultural de la colonia. A finales de la prim era m itad del siglo XVI las costum bres y m odos de vida d e los pobladores d e San to D om in go experim entarán una relajación y una laxitud hasta entonces desconocidas, agudizando las contradicciones en tre los principales organism os encargados de velar por el funcionam iento d e la justicia y la aplicación de las leyes M A ctividades que en otros m om en tos eran censurables, com o el juego, la blasfem ia, el cohecho o la prevaricación, fueron tratadas con total im punidad y b enevolencia por los organism os en cargados de aplicar las leyes, fundam entalm ente la R eal A udiencia. Las penas por esos d e li tos, cu an d o eran juzgados, eran m ás flexibles si en tre los acusados había algún fam iliar, am igo o allegado a algún m iem bro de los organism os oficiales SB Las innum erables denuncias q u e se hicieron con tra funcionarios locales evid enciaban el grado de d es com posición m oral existente en toda la sociedad. Esto se tradujo con gran rapidez a los asuntos éticos y m orales. El am an ceba m iento. la calum nia y o tro s m ales fueron tan com unes co m o los delitos civiles, y eran vistos con cierta laxitud incluso por una parte d e la iglesia local, pues un gran núm ero de clérigos y hasta el m ism o arzo b isp o Fuenm ayor participaban d e tales prácticas M L a indulgencia en el trato de estos delitos se co n virtió en práctica habitual, y era vista p o r la sociedad com o un elem ento "D eclaración aportada por G onzalo Fernández de O viedo, alcaide de la fortaleza de Santo Dom ingo. La m ism a fue ofrecida en el Inicio de Residencia tomado al licenciado Alonso de Fuenmayor, presidente de la Audiencia y obispo de Santo Dom ingo, y a los oidores de la dicha Real Audiencia. Fsta residencia fue tom ada por el licenciado Alonso López de Cerrato. A G I . Justicia 57. "C arta de Juan Tarifeño. canónigo de la Catedral de Santo Dom ingo al Em perador C arlos v Santo Domingo, s de junio d e 1550. A G I. Santo D om ingo 94. fol i\ i4A G I. Justicia 57. HISTO RIA t¡KN ERAL DLL PUEBLO DOM INICANO W .v 3 7 8 <"5
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