Historia General del Pueblo Dominicano Tomo I

fu e d e los m ás in teresados en term in ar aquella guerra. En e se sentido, en v ió una com unicación a C a rlo s v en la que inform aba sobre el estad o en que se hallaba la isla y los esfu erzos q u e había hecho p ara pacificar la colon ia, co m o escrib ir una carta a Enriquil lo: asegurándole en el real nombre de vuestra majestad y perdonándole todo lo pasado y además que lo libertaba a él y a los otros indios que allí habían pa ra que viniesen por si en toda la libertad en la parle que quisiesen a donde yo les proveería de algunas ovejas y variteros con que criasen para sus mantenimientos y granjerias con otras cosas a este propósito o que se quedase en aquella sierra porque si allí no saliesen a correr la tierra y quemar las haciendas y matar españoles y hacer los otros daños que han hecho y hacen nose les iría a hacerguerra ninguna y tampoco ha aprovechado esto, como todo lo pasado" M El in terés en p o n er fin al co n flicto llevó a A lo n so Zuazo. o id o r de la Real A u d ien cia de San to D om ingo, a trasladarse en persona a San Juan de la M aguana con el fin d e establecer con tacto con el guerrillero. Z u azo se hizo acom pañar por tres cuadrillas de hom bres, arm ados y abastecidos d e alim entos para el tiem po que d u rara la contienda. Estos grupos estaban com puestos por 50 personas cada uno. en tre negros, indios y españoles. Pero el o id o r tu \o que regresar a Santo D o m in go d ebido a una en ferm ed ad que con trajo al adentra rse en la sierra, sin lograr pen etrarlas escabrosas y agrestes m ontañas del Baoruco. La dificultad para con qu istar aquellas m ontañas, unida a las tácticas y estrategias de guerra em p lead as por los rebeldes, hacían casi im posible un triu n fo p o r la vía m ilitar, com o había qu edad o dem ostrado p o r m ás d e d iez añ o s d e luchas y decenas d e m iles de pesos invertidos, p o r 110 hablar d e las perdidas de vid as hum anas que habían quedado en el cam in o M ' f tia ta b o de R itm a d o e n «533 c m ííc fa £ o io u a c s p a ñ o fa j '^ ? w ii« jM Íffo pust> ^ ttt a u n c im ^ fic fv (ju c V u ió casi f* c s fu s lio s [ . . . ] aflata fa a b m in is tta c ió n c o fo m a f c s ío s u p u s o u n ¿ fia n tiiu n ^ o , p u e s CM íc tm iM O S e c o n o m ic e s , b *|a *o » i fo s c u a n tio s o s d is p e n d io s qu e o c a s io n a b a fa ¿ j u d i a . ‘A d e m a s de fo s m ofca do te s de fa is fa , ta m b ié n a p o fc ia to n g a n d e s s u m a s de d in c io fo s m c ic a d c te s q u e c o m e rc ia b a n con fo s S e c in o s de fa c o fo n ia , fo s c u a fe s , p a ia ¿ j a ta n tiy ti s u s le n ta s , íu S ic io n q u e c u b iii p a ite de c s a ^ u c iia con dim as, io p a s , za p a to s j j ¿ a s ta con a fiw e n fo s p a ia fa s c u a d iiffa s ^ue p e rs e g u ía n a fos in d íg en as c im a rro n e s . A n tes d e que se firm ara el acuerdo de paz con el cacique, la C o ro n a hizo un últim o intento d e capturar a Enriquillo. Para ello m andó a preparar una expedición d esd e España, com puesta p o r 2 0 0 hom bres de guerra, com andados p o r Francisco de Barrionucvo.14 con la instrucción de que si no era som etido por la fuerza, había que llegar a un acuerdo para pacificar la colonia C om o ya se ha referido la m onarquía se m ostraba renuente a seguir in vin ien do recursos en la guerra. En esta ocasión la C o ro n a se com prom etió a pagar tod os los gastos relacionados con el viaje hasta la Española. A dvertía, sin em bargo, que la com ida d e esta gente m ientras durare la guerra la ha de dar la isla Evidentem ente, según refieren las mismas autoridades de Santo Dom ingo, para las expediciones peninsulares era m uy difícil ganar aquella guerra, pues: como los indiossaben tan bien de la tierra, y la montaña en que andan es tan rande, y sesostienen muchosdioscon raícesy otrascosassilvestresquehallan, y losespañoleshan de llevara cuestala comidapara todoeltiempo que han de andartras ellos1' M Io s continuos fracasos de las tuerzas oficiales y el costo económ ico d e la contienda frieron los tactores determ inantes para que. finalm ente, las autoridades decidieran p ropon era Enriquillo un pacto creíble para la pacificación total d e la colonia. A ello había que sum ar el deseo de la población de San to D om ingo de acabar con el conflicto. A si lo expresaba el obispo Sebastian Ram írez de Fuenlcal cuando le decía a m i majestad: \ istoslosclamoresde la isla y lapobrezaque tienen y comoestánendeudados ygastados y lassisase imposicionesque se leshan echadopara elloqueya no laspueden sufrir ni menossostenerlaguerra y vistocómo vuestra majestadnosmanda que nogastemoscosasde su realhacienda y comono tenemosmáscomisión por lodelcuarto nosepuede máscontinuar laguerra y hartose hará con la sisaquesepudiere haberde todoun añopagar los cuatro mil pesos que se deben a los mercaderes ygentes'" M Este docum ento es m uy revelador, pues pone en evidencia 110 tan to la debilidad del sistem a com o la necesidad que tem an las autoridades de la colonia de buscar la pacificación p o r la vía del diálogo. Sabían que 110 podían ganar esa guerra p o r las arm as, pues no existían las condiciones ni los recursos, ni contaban con el tiem po necesario, La firma del tratado de paz con Enriquillo supuso una derrota para la C oron a pues quedaba obligada a o frecer toda una serie de concesiones para que abandonara las arm as. Los acuerdos se firm aron en IS 33 - precisam ente en la sierra del Baoruco, bajo estrictas m edidas de seguridad exigidas por los rebeldes. Por la parte oficial puso su rubrica Francisco d e Barrionucvo. quien lúe llam ado expresam ente para aquel asunto M A hora bien, la firm a del tratado con la facción rebelde que com andaba el cacique Enriquillo 110 supuso la "Ibtácitt, “ Francisco de Barrionucvo paso a las Indias con el cargo de gobernador de Tierra Firme, claro esta, después de firm ar el acuerdo de pa/ con F.nriquillo. “C arta del C onsejo a Su Majestad M edina del Cam po. 9 de julio de iS i -2 A G I Indiferente General ~i~. num ’ s *'lbidem. IIIS T O R I U ;r \I R A ! m i P lT R L O n O M IM i \N O t 3 8 9 J'.-í

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